Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 50.000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 19 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

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Las damas olvidadas.

He abierto este hilo para presentaros algunos de mis personajes favoritos

Suelen ser señoras las que desaparecen en las brumas de la historia porque esa misma historia la han escrito los hombres , de ahí el nombre del tema. En el caso de este grupo de damas olvidadas trataremos personajes que, por lo poco que se sabe de ellos, no dan para hacer un hilo en condiciones pero sí para algo más que un juego de trivia en el que apenas reseñamos un par de pinceladas en la resolución. Hablo de personajes desconocidos por haber vivido en épocas de las que apenas se conservan registros, por su vida efímera aunque interesante, porque las mencionan en los libros de forma puntual debido a un hecho importante que les ocurrió pero sobre todo porque, al fin y al cabo, todas ellas son merecedoras de unas palabras que las recuerden por el simple hecho de haber vivido, amado, traído al mundo hijos, gobernado sus casas o castillos, bailado, compuesto poemas y canciones y mil cosas más. Eso también es historia.

Y quisiera empezar por dedicar el hilo a esta mujer

Isabel de Borbón

Isabel de Borbón

Esta joven de frente alta y despejada, considerada muy hermosa en su época, es Isabel de Borbón, fallecida a los 29 años de edad.

Hace muchos años, antes de que los aficionados a la genealogía comenzasen a compartir sus conocimientos en internet, tuve que hacer una investigación para un amigo biólogo genetista que quería conocer los antepasados de los Austria españoles. Todo fue relativamente fácil hasta que llegué a María de Borgoña, esposa de Maximiliano de Habsburgo y madre de Felipe el Hermoso.

María de Borgoña, hija de Carlos el Temerario, duque de Borgoña, y de Isabel de Borbón. Punto y se acabó. Ni una palabra más sobre Isabel. Repasé todos los libros de la biblioteca sobre este periodo y nadie decía nada más sobre ella, si acaso que murió joven y gracias a eso su viudo se pudo casar con Margarita de York, de quien contaban más cosas puesto que su matrimonio fue una alianza importante. Lo único destacable que había hecho Isabel en sus casi 30 años de vida, según los historiadores, era haber dado a luz a María.

Y me dio tanta rabia Porque estaba absolutamente segura de que Isabel valía algo más que el nacimiento de su hija, algo más reseñable había hecho, quizá no en los términos absolutos en los que aquellos autores entendían la historia como luchas o alianzas de reinos, puede que a un nivel más bajo, más íntimo, más a pie de calle o como lo queráis decir, pero desde luego no se limitó a pasar por la vida como un vegetal.

Salí de la biblioteca más enfadada de lo que recuerdo haber estado nunca y me prometí que investigaría más sobre Isabel y sobre todas aquellas que se pareciesen a ella. Y resulta que hay muchas y por eso abro este hilo (que empezará despacito porque ahora estoy a mil cosas, pero que aunque sea poco a poco irá creciendo) Reconozco que ahora resulta más fácil porque hay muchos libros que recopilan personajes tipo “las reinas de la alta edad media del reino X”

Por cierto que Isabel sí hizo algo más en su vida que dar a luz a María. Para empezar es hija de Carlos I de Borbón y nieta de Juan de Borbón, conde de Clermont, que fue hecho prisionero en la batalla de Agincourt y que murió durante su cautiverio. Os he hablado mucho de él en el hilo de Agincourt. Es bisnieta de Luis II de Borbón y por tanto tataranieta de Pedro I de Borbón y su esposa Isabel de Valois, hermana del rey Felipe VI de Francia… en resumen, proviene de una familia del linaje real de Francia por parte de su padre.

Por otra parte su madre es Inés de Borgoña, hija de Juan sin Miedo, duque de Borgoña, también de la casa real francesa de Valois. Aquel que en el hilo de Agincourt no soportaba al partido Armagnac y ordenó la muerte de Luis de Orleans. Es decir, que a Isabel la casaron con su primo hermano.

Y digo la casaron porque así fue. A esta niña de excelente linaje y extraordinaria educación acorde con su elevado estatus, la casaron en cumplimiento del Tratado de Arras de 1436, que obligaba al duque de Borgoña a casarse con una dama de linaje real francés. Es decir, que esta chica que según los historiadores no había hecho nada más importante que dar a luz a una hija, es la responsable de la paz entre Borgoña y Francia, el abandono de sus aliados ingleses por parte de Borgoña, el reconocimiento de Carlos VII como rey por parte del duque, Borgoña obtuvo la gracia de no pagar tributo al reino francés y también es la responsable de que Carlos se viese obligado a castigar a los asesinos de Juan sin Miedo.

No está mal para una simple yegua de cría

Además, esta yegua de cría dio a luz de forma curiosa, siendo aún condesa de Charolais puesto que el padre de su marido aún vivía. En el castillo de Coudenberghe, el 13 de febrero de 1457, nacía María de Borgoña. Era un día agradable y despejado, pero justo en el momento en que nacía la pequeña, un portentoso y fortísimo trueno retumbó sobre la casa.

Como Isabel era dama refinada y vivía en la corte más lujosa del mundo, descansaba en una sala tapizada de seda roja con cortinas carmesí. La pieza principal del mobiliario era una gran cama de gala adornada con satén carmesí y tejido bordado en oro fino, regalo de la ciudad de Utrecht al duque Felipe el Bueno de Borgoña, abuelo de la criatura. Esa era la habitación preparada para el parto. La de la condesa tenía tapizado verde y curiosamente dos camas grandes en el centro (los esposos compartían dormitorio, se apreciaban sinceramente y Carlos quedó profundamente afectado cuando Isabel falleció, a pesar de que su muerte le permitía un matrimonio mejor para sus intereses), bajo un inmenso dosel de damasco verde orlado con franjas de seda, del que caían unas cortinas del mismo color. Entre las dos camas, a la cabecera, una silla grande, de respaldo alto, completamente cubierta de tisú de oro carmesí. Tras la silla, otra cortina, la tercera y última, pues sólo las reinas de Francia tenían cuatro en su dormitorio. Sobre las sábanas, de color violeta, había dos colchas salpicadas de armiños.

A María se le preparó una cuna frente a la chimenea, adornada con sábanas de muselina violeta y cubierta de armiños. Una tupida alfombra tapizaba el suelo, y las ventanas permanecieron cerradas durante quince días. Tan sólo dos grandes antorchas iluminaban la estancia.

Fue bautizada el día 17, siendo sus padrinos el rey de Francia y su abuela Isabel de Portugal. Isabel de Borbón, condesa de Charolais, aguardaba el regreso del cortejo acostada en su gran lecho. La duquesa de Borgoña, al llegar a la primera habitación de paso, le entregó la niña a su aya, Madame de Berzé, quien la puso en manos de la nodriza. Después de presentarla a su madre, la llevaron a su habitación y la acostaron en la cuna. Comenzó entonces la ceremonia de obsequiar a las personas presentes, que habían invadido las habitaciones de la condesa hasta no caber más.

¿No créeis que esto también forma parte de la historia? Vale que el hecho de que Isabel fuese dama refinada y de gustos caros no importa mucho en el devenir de la macro-historia, pero si contribuyó a hacer de una corte refinada una aún más estilosa, pues también es digno de mención.

En septiembre de 1465 Carlos había sido herido en Montlhéry, y María, intranquila, llamó a su madre.

Isabel quiso responder a su llamada y se puso en camino, a pesar de encontrarse muy enferma de tuberculosis. En Amberes tiene que interrumpir su viaje y su estado se agrava con rapidez. Su madre y su suegra acuden a su cabecera y la asisten en sus últimos momentos. El 26 de septiembre, lejos de su marido y de su hija, la encantadora condesa de Charolais muere en una abadía. María pierde a su madre con 8 años.

En fin, que Isabel, de excelente linaje, impecable educación, piadosa, refinada, amante del arte, del lujo y de la moda, esposa modelo, madre abnegada, hizo algo más en su vida que poner una hija en el mundo y punto final.

Ahora vamos a ver las demás damas

Publicado por Iselen en Foro Dinastías

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Museum Week

Nuestro granito de arena a la celebración de la Museum Week en twitter, esta fotografía tomada delante de Las Meninas de Velázquez, en el Museo del Prado de Madrid, de la reina Victoria Eugenia haciendo de cicerone de sus sobrinos, George duque de Kent, posteriormente casado con la princesa Marina de Grecia y Edward, futuro Edward VIII, que abdicaría al trono por el amor de Wallis Simpson en 1936 y que en 1927, año en que se tomó la fotografía, todavía era David, el príncipe de Gales.

Victoria Eugenia con Edward, príncipe de Gales y su hermano George, duque de Kent. El Prado, Madrid 1927.

Victoria Eugenia con Edward, príncipe de Gales y su hermano George, duque de Kent. El Prado, Madrid 1927.

KAISERIN AUGUSTA VICTORIA “DONA”

Confieso que esta dama es un reto para mí…porque, aunque no pueda decirse que “la conozco” en profundidad, no me simpatiza especialmente. Pero admito que una emperatriz a la que Bismarck se permitió el lujo de motejar, con evidente desdén, como “la vaca de Holstein”, se merece también un hueco en el foro. Quien sabe…quizá hasta llegue a “comprenderla” y por tanto a apreciarla siquiera una pizca.

La kaiserin “Dona”

Sucedió en el palacio de Dolzig, una bonita residencia situada en una ciudad que los alemanes llamaban Sommerfeld. Mucho tiempo después, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la misma ciudad recibiría un nombre en polaco: Lubsko. Se encuentra, hoy en día, en la provincia de Lubusz, al oeste de Polonia. Pero en 1858, que es el año que a nosotros nos interesa ahora, Lubsko era Sommerfeld, una ciudad de la Pomerania alemana que, para más señas, cruzaba la vía ferroviaria que unía Berlín, la capital del reino de Prusia, con Breslau, en la Baja Silesia.

En el palacio de Dolzig, el día 22 de octubre de 1858, una mujer dió a luz una niña. La mujer se llamaba Adelheid: había nacido con el título de princesa de Hohenlohe-Langenburg y se había casado con un duque de Schleswig-Holstein que respondía al nombre de Friedrich. Adelheid, a quien solían aplicar el cariñoso diminutivo de “Ada”, tenía por madre a la princesa Feodora de Hohenlohe-Langenburg, en origen princesa de Leiningen. En el intrincado laberinto de la realeza europea, la significación de “Ada” provenía del hecho de que su madre Feodora fuese la muy querida medio hermana mayor de la reina Victoria I de Inglaterra. Victoria, la soberana británica, adoraba a Feodora, apodada “Fidi”, con quien compartía la madre aunque las hubiese engendrado distinto padre.

A los dieciséis años, “Ada” había tenido un pretendiente de fuste: el recientemente proclamado emperador de los franceses, Napoleón III. Napoleón III había pretendido “bailarle el agua” a los ingleses pidiendo la mano de una de las sobrinas de la reina Victoria. Para el caso, ni Victoria ni su esposo Albert lo consideraron un halago, sino que se quedaron en estado semi-catatónico al enterarse de que uno de aquellos advenedizos Bonaparte que había pasado de ser presidente de una República a hacerse emperador de lo que se conocería como Segundo Imperio pretendía emparentar con ellos. Fidi, la hermana de Victoria, al darse cuenta del escaso agrado con que observaban la secuencia de acontecimientos los ingleses, decidió que su “Ada” no sería emperatriz de los franceses. A cambio, se organizó el enlace de la chica con un príncipe germano pero con una elevada dosis de sangre danesa: Friedrich de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg.

No podía decirse que “Ada” hubiese hecho un matrimonio espectacular…ni mucho menos. El padre de Friedrich era el duque Christian de Augustenburg, cuya madre, a su vez, había sido la princesa Luisa Augusta de Dinamarca, oficialmente hija del rey loco Christian VII con Carolina Mathilde de Inglaterra, pero, en realidad, hija ilegítima de Carolina Mathilde con su amante Struendsee. En cuanto a la madre de Christian, se llamaba Louise Sophie, ostentando el título de condesa Danneskiold-Samsøe. Los Danneskiold-Samsøe estaban vinculados a la realeza…pero por el lado equivocado de la cama: descendían del rey Christian V de Dinamarca y de la amante de éste, Sofie Amalie Moth.

Así que Friedrich no tenía, desde luego, un linaje “de pura realeza”. Había en su árbol genealógico una superabundancia de condesas danesas mezcladas con los retoños de una de las ramas de la gran casa de Oldenburg. En conjunto, sin embargo, podía ofrecer más pedigree del que poseía Napoleón III Bonaparte. Y, además, a la muerte de su padre, Friedrich había podido utilizar su condición de hijo del duque de Augustenburg para reivindicar ciertos derechos de soberanía sobre los ducados de Schleswig-Holstein, dos territorios que marcaron de forma indeleble la historia europea del siglo XIX.

En fín: Friedrich y “Ada” se habían casado en septiembre de 1856. En agosto de 1857 nacería su primogénito, Friedrich. Y en octubre de 1858, en el palacio de Dolzig, en Sommerfeld, “Ada” se puso de parto por segunda vez.

Nació una niña. Y la llamaron Augusta Viktoria Friederike Luise Feodora Jenny. Pronto, tendría su propio apelativo familiar. La denominarían, sencillamante, Dona.

Publicado por Minnie en Foro Dinastías
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El drama de Mayerling

Tal día como hoy 30 de enero, pero de 1889, se produce el Drama de Mayerling, el suicidio de Rodolfo de Habsburgo, hijo del emperador Francisco I de Austria e Isabel de Wittelsbach, más conocida como Sissi. Vayamos con lo que pudo haber sido su historia.

El Archiduque Rodolfo de Habsburgo-Lorena, príncipe heredero de Austria, Hungría y Bohemia (Viena, 21 de agosto de 1858 – Mayerling, 30 de enero de 1889)

Rudolf llevaba ya mucho tiempo coqueteando con la idea de la muerte, probablemente porque no veía ninguna salida al atolladero en el que se había convertido su vida.
El príncipe Rudolf que tomó el camino hacia el pabellón de caza de Mayerling tenía apenas treinta años y cinco meses de edad. En cualquier hombre, se trata de una edad espléndida, en el punto álgido de una juventud que se va asentando como prólogo a una plena madurez. Pero ni siquiera necesitamos echar mano de los testimonios de los coetáneos, sino que basta con revisar las fotos, para darnos cuenta de que el pobre se había deteriorado extraordinariamente.

Rudolf había sido un niño de salud delicada, hipersensitivo y muy nervioso. Que le pusieran bajo la tutela de Gondrecourt, que debía “robustecerle” a cualquier precio, fue un terrible error. Para cuando Gondrecourt fue relevado, sustituído por el amable y cuidadoso Latour, el niño se recobró en gran medida, pero nunca completamente. Los traumas infantiles dejaron su huella. Puede que Latour le proporcionase una formación excelente, animándole a desarrollar al máximo su capacidad intelectual para que adquiriese una pasmosa amplitud de conocimientos: las ciencias naturales se convirtieron en su pasión y, de forma autodidacta, lo que tiene un mérito enorme, se transformó en un reputado ornitólogo. Pero incluso eso causaría graves problemas a Rudolf. Por un lado vió frustradas muchas de sus expectativas, como la de acudir a la Universidad (no le valió de nada invocar el ejemplo de su tío materno Karl Theodor, médico oftalmólogo, ni del príncipe heredero de Prusia, Wilhelm, alumno en la universidad de Bonn). Por otro lado, la educación de tinte burgués y profundamente liberal que brindó Latour a Rudolf hizo de éste un “outsider” en la corte vienesa, tradicional, conservadora, aristocrática, con un fuerte componente militar.

Rudolf nunca tuvo, encima, puntos de apoyo. Su padre mostraba una actitud distante en el plano emocional, combinada con una gran exigencia respecto a su único hijo varón y heredero. Su madre, a la que él idolatraba, estaba ausente por lo general y poco caso le hacía cuando se cruzaban, brevemente, sus caminos. De sus dos hermanas, Rudolf sólo estaba unido a una de ellas, Gisela. Pero Gisela se casó con dieciséis años, marchándose a vivir a Baviera. La boda de Rudolf con Stephanie podría haber supuesto una diferencia, de haber podido conciliar ambos sus caracteres, sus aspiraciones y sus expectativas. Pero Stephanie no tenía ni el menor parecido con el tipo de esposa que hubiese podido representar un baluarte afectivo y un respaldo claro para Rudolf.

Aún así, los problemas surgieron a medida que el príncipe se involucraba más y más en una lucha clandestina contra el orden establecido, mientras que, por otro lado, aumentaba la disipación en su vida privada. Las visitas a los burdeles le contagiaron una serie de enfermedades venéreas, que encima contagió a su esposa, dejándola incapaz de tener más hijos cuando resultaba tan necesario que los engendrasen porque hasta ese momento sólo habían logrado una niña -excluída, en virtud de su sexo, del orden de sucesión-. El tratamiento a base de mercurio que se empleaba con las enfermedades venéreas dejó a Rudolf hecho unos zorros. Se agudizó la inestabilidad, la tendencia a la depresión; para combatir los dolores le recetaban morfina, pero acabó convirtiéndose en morfinómano y cada vez bebía más. En resumen: hacia el año 1887, Rudolf era un tipo acabado, que sabía que tardaría años en suceder a su padre y poder acometer reformas que él consideraba urgentísimas, por lo que no veía una línea de acción a seguir excepto seguir rumiando su decepción y su amargura; que no tenía apenas relación con su familia immediata ni con su esposa; que dependía del alcohol y las drogas, lo que aumentaban el deterioro.

Nunca he creído que estuviese enamorado de Mary von Vetsera. Ella sí lo estaba de él, con esa clase de enamoramiento que roza la dependencia emocional no sólo hacia un hombre concreto, sino hacia una idea romántica que se sacraliza por completo. La pobre muchacha se sentía una privilegiada por haber logrado un lugar en la vida privada del príncipe heredero del trono imperial, un individuo tan complejo y por eso mismo tan atrayente a sus ojos.

Tumba de Mary von Vetsera en Heiligenkreutz.

En cuanto a Rudolf, vió en la adoración sin límites de Mary una tabla a la que podía agarrarse. Ella le acompañaría incluso a la muerte, algo que habían declinado otras. Aunque parezca mentira, Rudolf había propuesto un pacto de suicidio a su mujer, Stephanie, según ella relataría en sus memorias. También lo había propuesto a su amante favorita, la cortesana Mizzi Caspar, quien, preocupadísima, había informado al jefe de la policia imperial. Ni Stephanie ni Mizzi estaban dispuestas a renunciar a sus vidas para amortiguar con sus presencias el miedo a la muerte de Rudolf. En cambio, Mary estuvo dispuesta.

No veo nada incoherente ni críptico en las cartas de Rudolf. Lo único para mí revelador es que no tuviese suficiente valor para escribir a la persona de la familia a quien quería y que le quería: su hermana Gisela. Rudolf no tenía suficiente entereza para dirigirse por última vez a Gisela. En cambio, se dirigió a Franz Joseph, a Elisabeth, a Valerie y a Stephanie. Las cartas siguen la misma pauta: él no es digno de vivir, por lo que debe morir, incluso a su pesar; así ellos se verán libres de su insoportable presencia, de la vergüenza que puede acarrearles. Es un mensaje coherente con la situación personal del heredero en esa época, dirigido a las personas que le habían lastimado y a las que, en cierto sentido, lastimaba a través de esa despedida escrita. En cambio, se evitó la carta que de verdad le hubiese obligado a vaciar sus sentimientos en el papel, la carta que nunca recibiría Gisela.

Publicado por Minnie en Foro Dinastías

GRANADA: el linaje, la ciudad y el reino.

Con el siguiente artículo de El País declaro inaugurado este tema dedicado al Reino de Granada y la dinastía Nazarí, así como a la propia ciudad, y a la Alhambra…

No sé aún quién se supone que es esta hermana de Boabdil… sí sé que por ahí circula la especie de que Fernando el Católico tuvo un hijo con una hija del propio Boabdil llamada Isabel de Granada (olim ‘A’isa), y que ese hijo, supuestamente, fue nada menos que Príncipe de Nueva Granada en América, ahí es nada…

Esta Isabel, después de su inestimable contribución con el Católico para adornar la frondosa cornamenta de la reina, habría entrado en religión (pa variar), llegando a abadesa de Santa Clara de Santiago de Compostela, en cuyo cargo habría muerto en 1560.

Como tantas veces, sin investigaciones serias y públicas (que guardadas en un cajón no sirven para nada), es difícil discernir la realidad de la leyenda o de la invención pura y dura… La abadesa sí existió, y parece que realmente perteneció a la dinastía nazarí, como hija del Infante don Juan de Granada, uno de los dos hijos que Muley Hacén, padre de Boabdil, tuvo con la controvertida Soraya (olim Isabel de Solís).

Genealogía de la dinastía Nazarí de Granada

Tras la rendición de Granada y posterior exilio de la familia real nazarí Soraya y sus hijos quedaron en España, los niños fueron bautizados y enlazaron con la nobleza castellana; el apellido se perdió pronto, pero no su sangre, que se perpetuó a través del matrimonio de otra de las hijas del Infante don Juan, Magdalena, con el Comendador Mayor de la Orden de Avís, Luis de Lencastre, descendiente de la casa real portuguesa [+info].

Pues como decía antes de enrollarme, parece ser que la abadesa era una de las hijas del infante nazarí; lo de la aventura con Fernando el Rijoso me parece ya más difícil de demostrar, que no digo yo que no sea cierto, sólo que no tengo noticias de que eso esté demostrado… Para enredar más la cosa otros dicen que no era ni hija ni hermana ni sobrina, sino nieta… y por si todo esto fuera poco, detrás de ese supuesto hijo titulado Príncipe de Nueva Granada que mencioné antes parece que lo que hay en realidad es una ciber-nación [+info], que para quien no lo sepa es una nación virtual inventada por un internauta por puro entretenimiento, aunque alguna vez a alguno se le va la mano e intenta lucrarse emitiendo títulos nobiliarios falsos y tal… pero la red está llena de este tipo de reinos y dinastías fantasiosos, a veces emparentados y aliados entre sí, que sólo podrían engañar a alguien muy muy desprevenido porque en realidad son sólo un juego…

O sea, recapitulando, que si relmente Etxeberria y Balaguer contemplan comparar el ADN de esa tumba con un descendiente de Fernando el Católico y de una princesa nazarí descarto de plano que sea un supuesto descendiente de ese supuesto Príncipe de Nueva Granada… así que puestos a imaginar yo supongo que ya existía la teoría de la descendencia del Católico con la nazarí, sea Isabel de Granada u otra persona (que será la que habrán estudiado estos dos), y que paralelamente el inventor de este principado americano aprovechó esa historia de los amoríos del Católico para su juego … pero vamos, por elucubrar que no quede, así que a ver si esta investigación sigue p’alante y nos sacan de dudas de quién es esa familia, que a mí me tienen en ascuas…

Publicado por Vandal en Foro Dinastías.

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Don Juan de Borbón. El viaje de El Saltillo.

El enigmático viaje de ida y vuelta a América en el velero El Saltillo que realizó el Conde de Barcelona en 1958 sirve de contrapunto para recorrer los momentos fundamentales de su vida. Este documental es una semblanza del Conde de Barcelona, pretendiente legítimo a la Corona de España, exiliado en Portugal, y rival del Franco, que siempre luchó por la instauración de una Monarquía constitucional y parlamentaria frente al sistema totalitario impuesto por el dictador. Don Juan de Borbón, por su dedicación al servicio de su país y su trayectoria personal, contribuyó de forma definitiva al restablecimiento de la democracia en España. Texto de rtve.es

PARTE I

S.A.R. don Juan de Borbón y Battenberg, infante de España. Nacido en el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso (Segovia) el 20 de junio de 1913. Heredero de la Casa Real Española, por renuncia de sus dos hermanos mayores, el 21 de junio de 1933. Jefe de la Familia Real, por abdicación de Alfonso XIII, en Roma, el 15 de enero de 1941. Asume, tras la muerte de su padre, el 28 de febrero siguiente, el título de conde de Barcelona. Renuncia sus derechos dinásticos en su hijo Juan Carlos I el 14 de mayo de 1977 en el palacio de La Zarzuela, Madrid.

PARTE II

Casado en Roma, el 12 de octubre de 1935, con S.A.R. doña María de las Mercedes de Borbón y Orléans, princesa de las Dos Sicilias. Nacida en Madrid el 23 de diciembre de 1910, hija del infante don Carlos de Borbón, príncipe de las Dos Sicilias, y de la princesa Luisa de Francia. Recibe a su nacimiento los honores de infanta de España, sin disfrute de título, por concesión de Alfonso XIII. (Juan Balansó).